Título: Cuatro escenarios para el futuro de la gobernanza mundial frente a la IA y el cambio climático
En 2045, el mundo podría parecerse a uno de estos cuatro escenarios radicalmente diferentes, donde las trayectorias de la gobernanza mundial, la inteligencia artificial y el cambio climático se entrelazan para dibujar futuros tan contrastados como instructivos. Un estudio reciente explora estas posibilidades, no para predecir el futuro, sino para ampliar nuestra imaginación colectiva y cuestionar las elecciones políticas, tecnológicas y ambientales que ya están dando forma a nuestro presente.
La inteligencia artificial y el cambio climático representan dos desafíos mayores que ponen en tela de juicio las estructuras tradicionales de la gobernanza mundial. La IA, con su creciente apetito energético y sus promesas de innovación, y el calentamiento global, con sus consecuencias planetarias, exigen respuestas coordinadas a escala internacional. Sin embargo, los enfoques actuales, a menudo compartimentados, tienen dificultades para captar la complejidad de sus interacciones. Para remediarlo, investigadores han desarrollado cuatro relatos prospectivos, cada uno de los cuales ilustra una combinación única de sistemas de gobernanza, trayectorias climáticas y desarrollos tecnológicos.
El primer escenario, Bajo un sol tejano, sumerge en un mundo dominado por la anarquía capitalista. Los Estados han perdido su influencia en favor de megacorporaciones como Neos, que controlan tanto las tecnologías militares como las soluciones climáticas. En este contexto, la IA se utiliza sin restricciones, acelerando la degradación ambiental mientras ofrece soluciones de geoingeniería reservadas a una élite capaz de financiarlas. Las desigualdades se agravan y los conflictos por los recursos se vuelven moneda corriente. La gobernanza se reduce a lógicas de mercado, donde la supervivencia depende de la capacidad de pagar por enclaves climatizados o ecosistemas artificiales.
En el extremo opuesto, el escenario La fuerza en la unidad imagina una cooperación internacional basada en normas compartidas. Bajo el auspicio de un Foro cosmopolita dentro de la ONU, los Estados, incluyendo a las grandes potencias como China, renuncian a la rivalidad para privilegiar la deliberación colectiva. La IA se desarrolla de manera restringida, enfocada en objetivos comunes como la salud o la educación, mientras que los esfuerzos climáticos se basan en una redistribución equitativa de los costos y beneficios. Este modelo apuesta por la confianza y la diplomacia para limitar el calentamiento a un nivel moderado, demostrando que la solidaridad puede prevalecer sobre los intereses nacionales.
En La nueva Venecia, la gobernanza se basa en regímenes internacionales formalizados, inspirados en el neoliberalismo institucional. Los Estados, aunque competitivos, aceptan reglas comunes para enmarcar la IA y mitigar el cambio climático. Una infraestructura mundial de cálculo, dedicada a la modelización climática, permite avances significativos, pero bajo estricta vigilancia. Las tensiones persisten, especialmente entre las naciones líderes en innovación y aquellas que temen los riesgos de una IA incontrolable. No obstante, este marco permite conciliar progreso tecnológico y estabilidad ambiental, aunque las desigualdades persistan.
Finalmente, La división de la inteligencia planetaria describe un mundo unificado bajo una autoridad global. Tras décadas de conflictos y crisis ecológicas, surge una gobernanza centralizada que prioriza la captura de carbono y la regeneración de los ecosistemas. La IA, antes instrumento de guerra, se convierte en una herramienta al servicio del planeta, bajo el control de instituciones democráticas. Este escenario optimista muestra cómo una coordinación fuerte puede revertir las tendencias climáticas más alarmantes, garantizando que las tecnologías sirvan al interés general.
Estos relatos subrayan un punto crucial: el futuro de la IA y el clima dependerá en gran medida de las estructuras de gobernanza que elijamos fortalecer hoy. Un enfoque laxo, basado en la competencia y el beneficio, corre el riesgo de agravar las crisis ecológicas y sociales. En cambio, modelos cooperativos, ya sean normativos o institucionales, ofrecen caminos hacia la sostenibilidad y la justicia. También revelan las tensiones inherentes a estas elecciones, entre la libertad individual y el bien común, entre la innovación y la precaución.
El estudio recuerda que las tecnologías no son ni buenas ni malas en sí mismas: su impacto depende de los marcos que les impongamos. Una IA desarrollada sin salvaguardias puede exacerbar las desigualdades y la degradación ambiental, mientras que una gobernanza ilustrada puede convertirla en una palanca para el bienestar colectivo. Del mismo modo, la lucha contra el cambio climático requiere mecanismos de cooperación capaces de superar las tentaciones del «sálvese quien pueda».
Estos escenarios no son predicciones, sino provocaciones. Invitan a repensar nuestras prioridades y a actuar desde ahora para orientar al mundo hacia trayectorias más justas y resilientes. Las decisiones que se tomen hoy en materia de regulación de la IA, políticas climáticas y cooperación internacional determinarán qué escenario se acercará más a la realidad. El desafío no es solo tecnológico o ambiental, sino profundamente político: ¿qué tipo de sociedad queremos construir y a qué precio? La respuesta dependerá de nuestra capacidad para imaginar futuros deseables y movilizar los medios para lograrlos.
Sources officielles
Document source
DOI : https://doi.org/10.1007/s00146-026-02850-z
Titre : Four visions on the future of global governance, AI, and climate change
Revue : AI & SOCIETY
Éditeur : Springer Science and Business Media LLC
Auteurs : Henrik Skaug Sætra; Enya Rogerson